martes, 24 de abril de 2012

La retórica en los discursos de Bruto y Marco Antonio

Por José Augusto Olvera Esparza
Estudiante de Ciencia Política del ITAM
Alumno del materia optativa: Shakespeare: liderazgo y vida.
Primer semestre del 2012.



Foro Romano.
Es cierto que la oratoria, desde la época clásica, ha sido considerada como una de las herramientas más importantes del hombre. Tanto griegos como romanos consideraron la elocuencia el arma más poderosa que puede utilizar el político. Es importante señalar que la elocuencia es definida como el don de la palabra fácil, oportuna y persuasiva. Sin embargo, como bien dice Munguía, “la elocuencia es fruto maduro de la democracia, porque si no hay libertad no puede haber elocuencia. El objetivo de la elocuencia es convencer a los oyentes de que aquello que les propone el orador es lo mejor, con tal vehemencia, que inmediatamente se pongan a realizarlo en la práctica. Es claro que en una sociedad donde no hay libertad, nadie puede opinar qué es lo mejor y mucho menos reunir libremente a grupos para lanzarlos a participar en el mejoramiento de la realidad, porque los esclavos no pueden hacer otra cosa que no pensar, no hablar y obedecer” (Munguía, 2006; 8-9). De esta manera, se puede entender porque dos los más grandes oradores en la historia de la humanidad, Cicerón y Demóstenes, vivieron durante el periodo de la República Romana y la democracia griega respectivamente, de lo contrario, quien sabe si hubiera sido posible la aparición de estos dos grandes personajes en un estado donde no se garantizara la libertad de expresión.

La oratoria por definición es el arte de conmover, convencer y persuadir por medio de la palabra hablada. La oratoria se considera arte por un lado porque no puede ser improvisada y por otro, porque a través de ella el hombre es capaz de crear cosas bellas. De esta manera, la palabra hablada, nos dice Munguía, es la herramienta mágica que nos abre caminos, las mentes, las voluntades y los corazones. Por lo tanto, para mover las voluntades humanas se necesita conocer cómo el humano se mueve a la acción lo cual únicamente puede lograrse por medio de la relación con nuestros semejantes.
Como se mencionó, la oratoria consiste en conmover y persuadir, sin embargo, esto no puede ser logrado si no se toca el sentimiento y la pasión de los oyentes con ideas que lleguen al corazón a través de figuras literarias que consisten en la parte fundamental del discurso. 

Con base en lo anterior, se tratará de realizar un breve análisis así como semejanzas y diferencias sobre dos de los grandes discursos que escribió William Shakespeare en su obra Julio César y que fueron presentados después del asesinato de Julio César realizado por Bruto, Casio, Casca y otros senadores en el año 44 a.C en Roma.

La primera parte de todo discurso se denomina exordio. En términos simples, el exordio es la introducción del discurso la cual tiene por objeto disponer del ánimo de los oyentes para que escuchen con atención el discurso. Es importante señalar que para lograr el objetivo de la oratoria, que consiste en convencer y persuadir, exige el establecimiento de una relación personal entre el orador y los oyentes ya que ésta incide directamente sobre el modo de pensar y la conducta de los oyentes. En ésta parte, el orador debe impactar y fascinar al público, así como Marco Antonio lo logra entrando a la tribuna cargando el cuerpo inerte de César. En esta escena, después de que Bruto le otorga la palabra a Marco Antonio, el inicio del discurso es simplemente maravilloso como se puede mostrar en las siguientes líneas:

¡Queridos romanos…!
Amigos, romanos, compatriotas… préstenme sus oídos,
que ahora vengo a enterrar a César y no a alabarlo.

Se puede decir que el exordio del discurso de Marco Antonio es por un lado captativo benevolentiae ya que logra captar la atención del pueblo en el momento que entra a la tribuna cargando el cuerpo inerte de César. Por otro, consiste en un exordio ex abrupto, es decir, dramática y fuertemente apasionada al mencionar que va a enterrar a César y no a alabarlo. A diferencia de Marco Antonio, el discurso de Bruto tiene un exordio solemne, es decir, un discurso para defender un valor trascendental, en este caso específico, Bruto se defiende sobre las razones por las cuáles asesino a César y quién inicia su discurso diciendo:

¡Romanos, compatriotas y amigos muy queridos! 
Escuchen cómo defiendo mi causa, pero guarden silencio si quieren oírme…

Posteriormente, en el discurso de Marco Antonio hay una digregación cuando se menciona el testamento de César.

Pero aquí tengo un pergamino que ostenta el sello de César.
Lo  hallé en su alcoba. Es su testamento y 
si quieren oírlo, aunque, con su perdón, no lo pienso leer…

Esto ocurre porque el discurso ya había creado un ambiente tenso emocionalmente y era el momento indicado para una digregación. Una digregación etimológicamente significa “un paso fuera de la ruta”; en este contexto, se refiere a una distracción que permite a Marco Antonio fortalecer la imagen de César frente al pueblo. Esta digregación no se observa por su parte en el discurso de Bruto, quien mantiene la misma idea a lo largo de su discurso.

La parte de proposición en el discurso debe ser presentada ante el público únicamente cuando el ánimo de los oyentes está dispuesto a aceptar nuestra proposición. En el caso de

Marco Antonio, la proposición que realiza es levantarse en armas y hacer una revolución como lo expresan las siguientes líneas:

¡Bueno, señores!,
si yo me sintiera inclinado a mover su ánimo para una revolución
o deseara moverlos a la violencia, le haría un agravio a Bruto
y le haría un agravio a Casio, que, como  ustedes saben,
son hombres honorables.

Al igual que en la digregación, no se observa una proposición clara en el discurso de Bruto. De esta manera, no es posible identificar el objetivo y el fin de las ideas que expone ante el público independientemente de justificar la conspiración en contra de César y su asesinato.

La argumentación que utilizan tanto Marco Antonio como Bruto es magnífica, sin embargo, hay ciertas diferencias que se pueden observar haciendo un análisis un poco más detallado. Resulta importante señalar que la argumentación es la parte más importante del discurso, la cual consiste en la demostración con ideas claras que la única verdad es la propia, asegurando así el convencimiento y la persuasión. Sin embargo, no es suficiente la presentación de dichos argumentos e ideas, sino también poder probarlos. Sobre este punto, la argumentación que nos ofrece Marco Antonio resulta simplemente magnífica e irrefutable, ya que consisten en hechos que se podían comprobar acerca de César: los cautivos a Roma, el rechazo a la corona real y finalmente el testamento.

Ha traído muchos cautivos a Roma,
cuyos rescates llenaron las arcas del tesoro público;
¿por esto, César podría considerarse ambicioso?
Todos ustedes vieron en las Lupercales,
cómo le ofrecí tres veces una corona real,
misma que tres veces rechazó. ¿Eso era ambición?
Aquí está el testamento con el sello de César.
¿Lo ven?, bueno, pues en este testamento les deja
a cada ciudadano romano, de manera individual,
a cada hombre, setenta y cinco dracmas.

Este tipo de argumentación tampoco se puede observar en el discurso de Bruto, ya que sus ideas no son comprobables y resulta difícil poder confirmar que en realidad César volvería a todos los romanos esclavos.

¿Preferirían que César viviera y 
que todos murieran como esclavos o 
que César esté muerto y que todos vivan como hombres libres?

Sin embargo, esta misma ambigüedad en las ideas y falta de veracidad, tendrá finalmente como consecuencia que el pueblo romano le brinde su apoyo a Marco Antonio y decidan iniciar la revolución civil en contra de Bruto y Casio una vez que descubren que sus palabras fueron mentiras. Por lo tanto, resulta importante que en todo discurso los argumentos puedan ser demostrables, de lo contrario, la posición contraria se fortalecerá.

Respecto a la peroración, esta consiste en la recapitulación de las ideas al final del discurso sin olvidar el objetivo del mismo, la cual deberá ser realizada con argumentos emotivos con la finalidad de entusiasmar a los oyentes. Al respecto, se observa que el final de ambos discursos resulta completamente distinto, por un lado se tiene un final verdaderamente emotivo en Marco Antonio:

Es su testamento y si quieren oírlo, aunque, con su perdón, no lo pienso leer…
Irían de inmediato a besar las heridas del fallecido César
y a mojar sus pañuelos en su sagrada sangre, sí,
a arrancarle alguno de sus cabellos como recuerdo que luego, a su muerte,
heredarían a sus hijos como si fuese un rico legado para la posteridad.

Por otro, el final del discurso de Bruto es un final sin emociones, un final que no logra llegar a los corazones de los romanos, un final sin final.

¿Hay alguien tan bárbaro, que no quiera ser
romano? Si hay alguno que hable, porque lo he ofendido.
¿Quién hay aquí tan vil que no ame su patria? Si hay
alguno que hable, porque lo he ofendido. Hago una
pausa para que me contesten. 

Con base en lo anterior nos dice Munguía, es cierto que las ideas mueven hombres, pero ninguna lo hace si no se presenta fogueada por el sentimiento: “la comunicación de las ideas sólo se hace eficaz a través del sentimiento humano”. Al respecto Quintiliano dice: “el orador para mover debe estar primero movido. Ninguno se abrasa sino con el fuego ni se ablanda sino con las lágrimas, ni alguno puede dar el calor que no tiene” (citado en Munguía, 2006). Este sentimiento humano que no se observa en el discurso de Bruto, sí se observa en las siguientes líneas de Marco Antonio:

Pero, perdónenme por un momento… 
siento que mi corazón está ahí, junto a féretro de César y 
tengo que esperar para que me regrese…

La interrogación como figura literaria, consiste en una pregunta que no se realiza precisamente para obtener una respuesta, sino para dar más fuerza a lo que se dice. Por un lado, Marco Antonio dice ¿eso era ambición?; por otro, Bruto  menciona ¿Preferirían que César viviera y que todos murieran como esclavos o que César esté muerto y que todos vivan como  hombres libres?

Otro recurso que utiliza Shakespeare en el discurso de Marco Antonio y que tampoco lo tiene el discurso de Bruto, consiste en el conjunto de objeciones por medio de la ecuanimidad, es decir, objeciones presentadas de manera benevolente para argumentar lo negativo del proceder de Bruto contra César.

Cuando los pobres se quejaban, César lloraba;
la ambición debe estar hecha de un material más rudo.
Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.


Todos ustedes vieron en las Lupercales,
cómo le ofrecí tres veces una corona real,
misma que tres veces rechazó. ¿Eso era ambición?


Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.

Finalmente, el tropo que utiliza Shakespeare en el discurso de Marco Antonio es la ironía como bien se puede observar cuando Marco Antonio se refiere a Bruto como un hombre honorable. Cabe señalar que un tropo es un recurso literario que consiste en la mutación del significado de una palabra a otra. Específicamente, la ironía consiste en llevar a la irrisión, en este caso a Bruto a través de los contrarios y que además los combina con el recurso literario de la anáfora o repetición con el objetivo de ampliar el sentido de la ironía como se puede leer en las siguientes líneas:

Aquí, una vez que se han ido Bruto y el resto
-porque Bruto es un hombre honorable; como todos
ellos son hombres honorables-,
vengo a hablar en el funeral de César.


Él era mi amigo, y fue leal y justo conmigo;
pero Bruto dice que él era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.
Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.
Todos ustedes vieron en las Lupercales,
cómo le ofrecí tres veces una corona real,
misma que tres veces rechazó. ¿Eso era ambición?


Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.

A pesar de que no se observa ningún tipo de tropo en el discurso de Bruto, sí se utiliza como recurso literario la prosopopeya, es decir, la personificación de otras personas, instituciones, cosas, etc., como cuando se refiere que Bruto ama más a Roma.

…y si ese amigo me pregunta por qué Bruto se rebeló contra
César, ésta sería mi respuesta: no porque haya querido
menos a César, sino porque amo mucho más a Roma.

En conclusión, ya que la oratoria es el arte de conmover a las personas, es decir de apasionar y lograr que las personas se muestren interesadas ante el mensaje, conmover implica el conocimiento profundo del alma de los oyentes que surge de la empatía entre el orador y los oyentes. Por su parte, convencer a las personas radica en la fuerza de las ideas; lograr que los oyentes piensen igual que el orador. En cuanto a la persuasión, esta radica en lograr que los oyentes realicen en la práctica lo que el orador le propone. Cabe mencionar que se puede convencer a los oyentes a poner en práctica las ideas por medio del engaño, sin embargo, ésta termina en cuanto el engaño es descubierto. Por tanto, el poder persuadir menciona Munguía, es el objetivo más difícil de la oratoria ya que dura para siempre y se denota la perfección misma.

De acuerdo a Munguía, para lograr persuadir se requieren de tres características:

1) El más profundo conocimiento del alma humana;
2) Un amplio conocimiento de la vida y, sobre todo,
3) Una gran fuerza lógica argumentativa que logre no solamente el convencimiento del oyente (claridad mental), sino el entusiasmo evolutivo que lo lleve a la práctica (fuerza de voluntad). Estas tres características pueden ser logradas únicamente cuando se alcanza la máxima madurez intelectual y cultural, por lo cual, se puede confirmar la grandeza de Marco Antonio.

Para terminar, se presentan los discursos de Marco Antonio y Bruto para una mayor apreciación.

Marco Antonio:


¡Queridos romanos…!
Amigos, romanos, compatriotas… préstenme sus oídos:
he venido a enterrar a César, no a alabarlo.

El mal que los hombres hacen, vive más que ellos.
El bien, muchas veces se entierra con sus huesos.
Así le ha sucedido con César. El noble Bruto
les ha dicho que César era ambicioso;
si así lo fuera, es una falta grave,
y más gravemente la ha pagado César.

Aquí, una vez que se han ido Bruto y el resto
-porque Bruto es un hombre honorable; como todos
ellos son hombres honorables-,
vengo a hablar en el funeral de César.

Él era mi amigo, y fue leal y justo conmigo;
pero Bruto dice que él era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.

Ha traído muchos cautivos a Roma,
cuyos rescates llenaron las arcas del tesoro público;
¿por esto, César podría considerarse ambicioso?

Cuando los pobres se quejaban, César lloraba;
la ambición debe estar hecha de un material más rudo.
Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.

Todos ustedes vieron en las Lupercales,
cómo le ofrecí tres veces una corona real,
misma que tres veces rechazó. ¿Eso era ambición?

Sin embargo, Bruto dice que era ambicioso,
y Bruto es un hombre honorable.
No hablo para contradecir lo que Bruto dijo;
aquí estoy, para hablar de lo que yo sé.

Algunas veces ustedes lo amaron y no fue sin motivo.
¿Qué los detiene ahora para llevar el luto por él?
¡Parece que la razón ha ido a buscar su asilo entre las bestias
y que los hombres han perdido el juicio!

Pero, perdónenme por un momento… siento que mi corazón está ahí,
Junto a féretro de César y tengo que esperar para que me regrese…
La palabra de César apenar ayer habría prevalecido contra todo el mundo.
Ahora yace ahí y nadie hay tan humilde que le haga una reverencia.

¡Bueno, señores!,
si yo me sintiera inclinado a mover su ánimo para una revolución
o deseara moverlos a la violencia, le haría un agravio a Bruto
y le haría un agravio a Casio, que, como  ustedes saben,
son hombres honorables.

No cometeré ese agravio.
Prefiero mejor hacerle un agravio al muerto o hacerme daño a mí mismo
y también a ustedes, que insultar a hombres tan honorables.
Pero aquí tengo un pergamino que ostenta el sello de César.
Lo  hallé en su alcoba.
Es su testamento y si quieren oírlo, aunque, con su perdón, no lo pienso leer…
Irían de inmediato a besar las heridas del fallecido César
y a mojar sus pañuelos en su sagrada sangre, sí,
a arrancarle alguno de sus cabellos como recuerdo que luego, a su muerte,
heredarían a sus hijos como si fuese un rico legado para la posteridad.



Bruto:
Sean pacientes hasta el final. ¡Romanos, compatriotas y
amigos queridos, escuchen cómo defiendo mi causa y
guarden silencio para que puedan oírme. 

Créanme por mi honor y tengan respeto de mi honor para que puedan
creerme. Júzguenme con su sabiduría y despierten sus
sentidos para que puedan juzgar mejor. 

Si hay alguno en esta asamblea que sea amigo de César, 
a él le digo que el amor de Bruto por César,  no era menor que el suyo. 
Y si ese amigo me pregunta por qué Bruto se rebeló contra
César, ésta sería mi respuesta: no porque haya querido
menos a César, sino porque amo mucho más a Roma.

¿Preferirían que César viviera y que todos murieran como
esclavos o que César esté muerto y que todos vivan como
hombres libres? 

Como César me amaba, lloro por él;
que si fue afortunado, me da gusto que lo haya sido; 
que si fue valiente, lo honro; pero como era ambicioso, 
por eso lo maté. 

Hay lágrimas por su amor; alegría por su
fortuna; honor por su valor y muerte por su ambición.

¿Hay alguien tan bárbaro, que no quiera ser romano? 
Si hay alguno que hable, porque lo he ofendido.
¿Quién hay aquí tan vil que no ame su patria? 
Si hay alguno que hable, porque lo he ofendido. 
Hago una pausa para que me contesten.  

Editado por Martín Casillas de Alba.
Maestro de Asignatura del ITAM. 
México D.F., a  23 de abril, 2012.